¡Fuego Aquí, Que Son Ellos!

El chasquido sonó como un hueso al partirse. Luis Noval acercó la llama al cigarrillo que tenía sobre sus labios. Dio una profunda calada y, por un instante, fue feliz. Durante esa calada volvió a su Oviedo natal, a las charlas con sus padres frente a una buena taza de café, a sus correrías con sus amigos en las largas noches estivales, a los ojos de Julia, a… qué importaba ya, todo eso quedaba muy lejano, como un recuerdo difuso o, peor aún, como un sueño, algo que nunca existió. Rememoró todos los pasos que le habían llevado hasta allí: El día que se acercó a un puesto de reclutamiento, se alistó en él, le metieron en un tren junto con otros compañeros que les llevó al puerto de Cádiz, donde les metieron en un barco que les llevó al otro confín del mundo, o al menos eso era lo que Luis sentía. Ahora estaba allí, en mitad del desierto, muerto de frío y con el corazón agarrotado por la incertidumbre.

Era noche de guardia.

La toma el día anterior del Zoco el Had de Beni Sicar había sido dura, pero esto era aún peor. Agazapados como ratas, esperando a que el cualquier momento les atacasen un montón de rifeños enfurecidos. La espera era peor que estar en una celda esperando a ser ejecutado. Al menos sabías como y cuando ibas a morir, aquí no. Aquí solo sabías que no debías perder los nervios, o estarías muerto antes de que pudieras darte cuenta. La noche no acompañaba, era tranquila, demasiado tranquila. Casi se podía cortar la tensión con un cuchillo. La luz de la luna iba y venía por entre las nubes que cubrían el cielo. Noval solo tenía que patrullar los pozos de tirador cavados a lo largo del perímetro del campamento con el objeto de evitar que los rifeños les pillaran por sorpresa. Y, precisamente eso, la sorpresa, era lo que pensaba Noval que menos iban a evitar. Al menos estaban las alambradas.

cabo-noval--644x420

El Cabo Luis Noval, con el uniforme de campaña.

Un murmullo lejano se oyó de pronto. Luis alzó la vista tratando de distinguir algo en la oscuridad. Disparos y gritos se sucedieron. Antes de que se dieran cuenta estaban rodeados por un nutrido grupo de moros. El empuje rifeño era grande y la patrulla de Noval solo pudo replegarse hacia las alambradas, desde donde empezó a caer una lluvia de proyectiles. Varios compañeros fueron alcanzados por fuego amigo.

-¡Alto el fuego, que somos españoles!

La anónima voz sonó fuerte y clara entre el clamor de la refriega y los disparos cesaron al instante. Los rifeños seguían a lo suyo, acorralando a los españoles contra su propia alambrada, sin posibilidad de huir. Eran cerdos entrando al matadero.

En ese momento Noval lo vio claro. No había otra opción posible. Era tan simple como respirar. Asió con fuerza su fusil, abrió la boca y las palabras que brotaron de ella sonaron con una determinación difícil de olvidar.

-¡Fuego aquí, que son ellos!

 

El graznido de los cuervos rasgaba el aire como una tonada macabra. Dispersos aquí y allá los cuerpos de los soldados caídos teñían el campo de sangre, lodo y muerte. Tendido sobre el pardo suelo, uno más entre los ciento de cadáveres, el Cabo Luis Noval yacía muerto, con su fusil bien asido entres sus inertes manos. La bayoneta goteaba y había formado un pequeño charco negruzco a sus pies. Tenía el pecho cubierto de sangre y la mirada serena. Junto a él, un rifeño muerto, con un tajo profundo entre sus costillas.

Así lo encontraron a la mañana siguiente, 29 de Septiembre de 1909. Y desde aquel instante, su historia se convirtió en leyenda.

 

¿Y todo esto, para qué? Para decir que Noval, Cabo, el Cabo Luis Noval tiene una estatua en la Plaza de Oriente. Una estatua que conmemora y rinde homenaje a este heroico gesto en una situación límite. Natural de Oviedo, Luis había nacido el 16 de Noviembre de 1887. Sus padres eran Ramón y Perfecta. Él era ebanista. Al entrar a filas Luis medía 164 centímetros. Era cabo de la 4ª Compañía del 1º Batallón del Regimiento de Infantería Príncipe Nº3 y había desembarcado en Melilla con otras tropas de refuerzo el 14 de Septiembre de 1909, integrándose en la División Sotomayor. 14 días después, el 28 de Septiembre, estaba muerto.

Así que sí pasáis por la Plaza de Oriente, no dejéis de visitar la estatua del Cabo Noval y recordar su historia.

1395_cabo_luis_noval_1

Estatua del Cabo Luis Noval en la Plaza de Oriente de Madrid.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s