La Mujer y el Poeta

Una suave brisa sopla por entre los postigos de las ventanas. De la calle, acolchados por la distancia, sonidos de alegría pugnan con el trinar de los pájaros por demostrar quién es el más hermoso.

Aromas.

De todo tipo.

Aromas que se mezclan y complementan entre sí y que, transportados por el viento, inundan la estancia con su fragancia.

Sentado, frente a una mesa cubierta por cuartillas de papel, Lope de Vega mira fijamente un punto que solo él conoce. Quizá ahí, en ese rincón que capta toda su atención, se encuentre el próximo verso que saldrá de su pluma. Sostiene la misma como si se tratara de un miembro más de su ya anciano cuerpo.

Torna su cabeza sobresaltado. Una mujer aparece a su espalda. Es joven y muy hermosa y su rostro esboza una sincera sonrisa. El rostro de Lope se transforma. Se ensancha, sus pupilas se dilatan y la tez adquiere más brillo. Un efecto balsámico inunda su alma. La mujer se acerca a él y toma sus manos. Unas agrietadas y huesudas manos. Unas manos que ya no acarician con la misma suavidad de antaño. Pero como el propio poeta dice, mi pluma ya acaricia por mis manos.

Lope se levanta de su silla. De pronto parece importarle bien poco aquello que le tenía tan absorto hace unos instantes. Toda su atención está en los grandes ojos verdes de la joven.

Ambos se dirigen a otra habitación. Sobre la mesa, un esbozo de un poema queda huérfano, al menos por el momento.

Las primeras palabras rezan así…

                                         Desmayarse, atreverse, estar furioso…

LopedeVega

Félix Lope de Vega y Carpio, Óleo sobre lienzo. Retrato atribíido a Eugenio Cajés. 1612-1615

Félix Lope de Vega y Carpio vivió los últimos 25 años de su vida en el madrileño barrio de las letras. Concretamente en lo que es hoy la calle Cervantes Nº 11.Construída alrededor de 1578, Lope la compró en 1610 por 9000 reales y vivió allí junto con su segunda esposa, Juana de Guardo. Y digo vivió, porque su corazón y su lujuria lo ocupaban otras mujeres.

Félix tuvo infinidad de amantes a lo largo de su vida y con algunas de ellas incluso llegó a tener hijos. El último gran amor, ya en su vejez, fue con Marta de Nevares Santoyo, que cuando conoció al poeta contaba con 25 años. Lope quedo inmediatamente prendado de ella, a pesar de su condición de sacerdote. Por este motivo su historia de amor debió llevarse casi en la clandestinidad.  Del fruto de este amor nacería la última hija del poeta, Antoñita Clara.

La_encomienda_bien_guardada

Manuscrito autógrafo de Lope de Vega de La Encomienda Bien Guardada, firmado y fechado el 16 de abril de 1610.

La felicidad les duró poco, pues Marta enfermó en 1621, primero perdiendo la visión para más tarde entrar en un estado de locura del que Lope fue doloroso testigo. Marta murió en 1632. Dos años después, su hija Antonia Clara, se fuga con un galán y su hijo Lope Félix (Lopito) muere ahogado mientras pescaba perlas en la isla Margarita.

El Fénix de los Ingenios, muere un año después, el 27 de agosto de 1635, a los 73 años de edad, solo, en su casa, rodeado de recuerdos y poemas. Poemas que harán su espíritu inmortal.

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