Las Brujas de Miraflores

La tenue luz de una vela parpadea, impaciente, nerviosa, al suave tacto del viento. Su llama fluctúa como si fuera presa de una extraña fuerza. Parece que baila, en ritual danza. De pronto, todo queda sumido en tinieblas. Y una aguda e histérica risa, casi un chillido, brota de la oscuridad, de la profunda oscuridad.

La hojarasca, mecida por el constante viento, emite un cálido murmullo. Su esquivo abrazo arropa todo el bosque. Los rayos de luna se cuelan por entre las hojas, creando una visión etérea, de otro mundo.

-¡Jajajajaja!

La misma risa histérica y aguda brota de nuevo de lo profundo del bosque. Por entre los árboles, cuando la luz de la luna ilumina la lejana espesura, una figura femenina se recorta en la profunda oscuridad. La opalina luz lunar incide sobre la mujer, dotándola de un aura sobrenatural. Está completamente desnuda. Corre y salta, y con cada salto es como si flotara, como si con su fuerza pudiera desafiar a la ley de la gravedad. Su rostro es una mueca de desafío y maldad. De su boca brotan extraños sonidos, algunos graves, otros agudos, pero todos ellos con un poso de histeria nacida de lo más profundo del alma humana.

Inquisition Prepares To Torture Witch

Este suceso es lo que cuentan las crónicas en referente a las acusaciones de brujería que se vivieron en Miraflores de la Sierra en 1644, aunque no de forma tan novelesca, claro.

María de Manzanares, que así se llama la bruja, fue acusada de brujería y malas artes por hasta 28 vecinos y por ello fue llevada ante el tribunal de la Santa Inquisición. Sin embargo, María no actuaba sola, Isabel de la Maza y Ana de Nieva naturales de Manzanares el Real, fueron sus discípulas. Isabel confesaría en su propio juicio haber aprendido todas las artes de María.

Por su parte, Ana de Nieva, relató cómo fue testigo presencial los días en los que compartía andanzas con María e Isabel y se marchaban juntas a unas bodegas cercanas a Torrelaguna, donde bebían hasta desfallecer, bailaban desnudas y orinaban al salir del lugar para bendecirlo.

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Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid, Francisco Rizi, 1683, óleo sobre lienzo.

Antes los santos jueces, María fue acusada, entre otros aberrantes delitos, de correr desnuda por la Sierra de Guadarrama al anochecer, para invocar el Diablo, la elaboración de ungüentos para provocar diversos males y o el de provocar la muerte accidental o incitar al suicidio de quien se encaraba con ella. Fue condenada al exilio, aunque la pena se fue reduciendo con el correr de los meses. En 1645 tuvo que abandonar el arzobispado de Toledo; después, sólo debía mantenerse a una distancia de 10 leguas de Miraflores y Madrid y, finalmente, en 1645, se le instó a permanecer a 5 leguas de su pueblo, Toledo y Madrid, por un tiempo no inferior a 3 años.

 

Resulta sorprendente leer que una sentencia de la temida Inquisición no traía consigo la muerte en la hoguera. Pero así fue y en esta ocasión el Tribunal de la Santa Inquisición fue más permisivo de lo que su leyenda nos pinta. Aunque no hay que olvidar que 35 años antes, en 1610, 40 mujeres fueron acusadas de brujería en el navarro pueblo de Zugarramurdi, siendo 6 de ellas condenadas finalmente a morir presa de las llamas. El auto de fe se celebró en Logroño, el domingo 7 de Noviembre de 1610.

 

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