Rafael Canedo

El frío es un cuchillo que va rasgando mis huesos y mi carne. La luz de la luna y una pequeña lámpara sujeta a un palo arrojan luz a la espesa oscuridad. El suelo bajo mis pies no es más que barro, mezclado con la sangre de los ajusticiados antes que yo. Mientras esperaba mi turno, podía oír cómo iban despachándolos. El espectro de las miserias humanas se descubría con vívida claridad. Algunos gimoteaban, otros rezaban, pocos lanzaban un desafío al aire y los que más, permanecían en sepulcral silencio, mirando a la muerte a los ojos. Ahora soy yo el que está en su lugar.

Han intentado taparme los ojos para cubrir su vergüenza, pero me he negado y ellos han accedido. Me ha sorprendido ya que normalmente no lo suelen hacer, así evitan que los pobres diablos que aprietan el gatillo no duden al ver los ojos del hombre que van a matar clavados en los suyos. Bajo la titilante luz son como espectros de la muerte. Y realmente lo son. Algunos, pocos, emanan miedo, conscientes de que van a quitar la vida a un hombre a sangre fría, sin más. El resto sujetan firmemente el arma, sin mostrar ni un atisbo de duda o lamento, como autómatas realizando una tarea. Hombres duros, que han visto y oído demasiadas cosas en esta guerra y que, ahora, han elegido ver y callar. No les culpo. Solo son peones sin nombre en esta estúpida y cruel guerra.

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Fusilamientos del 3 de Mayo de 1808. Óleo sobre Lienzo. Francisco de Goya.

El sargento al mando ordena apuntar a mi pecho. Voy a morir. Solo lamento una cosa y es no haberme llevado a más mamelucos malnacidos por delante. Cargaron contra nosotros en la Puerta del Sol con ferocidad sanguinaria. Yo iba armado solo con una pequeña navaja, pero no dudé en abalanzarme sobre uno de ellos. Logre herirle de muerte. Mientras moría a mis pies, clavó sus ojos en mí. Sólo duró un instante, pero lo percibí con claridad. Aquellos ojos irradiaban odio y frustración. Comprendí que no tendrían piedad, como no la tiene un perro que ha sido molido a palos durante toda su vida. No había alma, solo odio y venganza. Seguimos luchando un poco más hasta que fue imposible aguantar el empuje mameluco. Nos dispersamos con la esperanza de reunirnos más adelante y continuar con la lucha. Pero todo fue en vano. Nos apresaron a casi todos. Y aquí estoy ahora, frente a este muro, aguardando mi muerte.

Me llamo Rafael Canedo y espero que mi muerte no se pierda en la noche de los tiempos. El sargento levanta su mano y la sostiene en alto durante unos segundos. Todos sus movimientos son lentos, como si el tiempo corriera más despacio y fuese más consciente de todo cuanto me rodea de lo que nunca lo he sido jamás. Durante un instante, todos cruzamos nuestras miradas. El sargento con sus hombres, estos conmigo y yo con todos. La mano desciende rápidamente al grito de ¡fuego! y el retumbar de los fusiles al ser disparados es el último sonido que captan mis oídos. Caigo inerte al suelo. La vida se me escapa con ridícula rapidez. Lo último que ven mis ojos es como me arrastran por el fango, como a un perro.

Cementerio de la Florida

Detalle del monumento a los caídos. Cementerio de la Florida.

Rafael Canedo era un arriero leonés, originario de Camponaraya, en la comarca de El Bierzo. Fue el principal cabecilla popular del levantamiento del 2 de mayo y el único reconocido como tal de entre los cuarenta y tres fusilados en la montaña del Príncipe Pío aquella madrugada del 3 de mayo de 1808. Fueron elegidos por sorteo y uno de ellos personalmente por Joachim Murat, mariscal del ejército francés y gobernador de Madrid. Después de muertos fueron arrojados a una fosa común cavada previamente por sus verdugos. Allí, rodeados de barro y sangre, permanecieron insepultos hasta que, nueve días después y secretamente, los hermanos de la Congregación de la Buena Dicha rescataron los cuerpos y les dieron cristiana sepultura en el pequeño cementerio de La Florida, construido en 1796 para albergar los enterramientos de los empleados del cercano Palacio Real. En 2008 fueron identificados la totalidad de los fusilados y se erigió una nueva placa conmemorativa en donde figuran los nombres y algunos datos sobre sus vidas.

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