Oro Y Joyas

El Parque de El Buen Retiro es una fuente inagotable de anécdotas, lugares con un encanto especial y leyendas, leyendas que hablan sobre joyas y oro enterradas desde hace cuatro siglos en algún lugar del enorme jardín.

Philip_IV_of_Spain

Felipe IV (1605-1665), rey de España (1621-1665).

La versión que ha ido fraguándose a lo largo de estos cuatro siglos tiene como protagonista al llamado Rey Planeta, Felipe IV, y sus regios pasatiempos con lo que agasajaba a su corte y a su propia persona. Como todos sabéis, el Parque del Retiro era de uso exclusivo para monarcas y sus excéntricas actividades. Felipe IV era amante del arte y del teatro y el Parque del Retiro sirvió bien a estas pasiones. Le encantaba montar representaciones teatrales, espectáculos con animales y hasta naumaquias, representaciones de batallas navales a escala, cuyo origen se remonta a tiempos del Imperio Romano, dentro del estanque central del parque. Lo importante era deslumbrar a los miembros de la corte y a los más allegados al rey. Cuanto más grandilocuente y fastuoso, mejor.

En uno de estos actos de vanidad sin límites, a Felipe IV se le debió iluminar el rostro al tiempo que un nuevo juego se iba fraguando en su mente. Se le ocurrió, como si España anduviera suelta de dinero, esconder pequeños tesoros, a base de monedas de oro para los hombres y joyas para las mujeres, y distribuirlos por todo el parque. Una persona de su confianza se encargaba de ocultar el botín en los lugares más recónditos del parque y más tarde, Felipe disfrutaba como un niño mimado viendo como los miembros de su corte se dispersaban y correteaban por El Retiro en busca de tan preciada recompensa.

8 Escudos 1637 Segovia R, sobre 1636

8 Escudos, año 1637.

El aburrimiento pronto arraigó en el espíritu del rey. Ya no valía con esconder pequeños tesoros, no, tenía que ser algo más grande, algo que hiciese palidecer a sus cortesanos por la audacia mostrada y el botín en juego. De manera que Felipe optó por esconder el tesoro más cuantioso y valioso de todos hasta la fecha. Le pidió a su ayudante que lo ocultase a conciencia, con el fin de que el juego fuese lo más difícil y emocionante posible. La leyenda comienza cuando este ayudante muere en circunstancias extrañas, pocas horas después de esconder la fortuna, llevándose consigo la información de donde se hallaban el dinero y las joyas. Desde entonces, una fiebre se apoderó de las más variopintas personas, que trataron, en vano, de descifrar la localización exacta del tesoro. Quizá, porque no, fue el propio monarca quien ordenó asesinar a su ayudante. Su vanidad y ego se engrandecen hasta el infinito, porque él, Felipe IV, rey de España y las Américas, está dispuesto a desperdiciar una pequeña fortuna para que otros se peleen por ella, mientras lo observa todo, sin pestañear, dueño y señor del mundo.

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