Calles de Madrid XIII

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Las calles de la Flor Ata y de la Flor Baja, situadas entre la Gran Vía y la calle de Libreros, deben su nombre a que, en el siglo XVI, los terrenos donde ahora se halla la Gran Vía y sus calles colindantes, eran propiedad de Don García Barrionuevo de Peralta. Este poseía una casa en el lugar donde posteriormente se levantó la primera plaza de los Mostenses (aproximadamente en el actual Nº 72 de la Gran Vía), con unos hermosos jardines y, delante de ellos, una calle o paseo de álamos (de ahí el nombre de la calle del Álamo). Los jardines desaparecieron con la construcción del convento de San Norberto, de premostratenses o mostenses, como era conocido entre los madrileños de la época. A unos de estos jardines, con altas y hermosas flores altas se accedía por una hermosa escalinata que partía desde otro jardín que contenía flores bajas. Cuando se construyeron las calles, se les dio el nombre que antes ocupaban las flores.

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El nombre de la calle de Leganitos, situada entre las plazas de Santo Domingo y España, proviene del árabe algannet, cuyo significado es huertas. Cuando la península era conocida con Al-Ándalus, toda esta zona estaba formada por numerosas huertas que, tras la reconquista, pertenecieron al convento de San Martín, conocidas como las famosas eras de San Martín. La actual Plaza de España era, antiguamente, un barranco y, para cruzarlo, era necesario pasar por el puente de Leganitos, construido en 1616 para cruzar el arroyo de igual nombre, que bajaba hasta el Manzanares y que en época de lluvias era muy peligroso cruzarlo.

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La última calle, la de Torija, se encuentra en las plazas de Santo Domingo y de la Marina Española. Antiguamente se llamaba calle del Inquisidor General por el Consejo Supremo de la Inquisición, que estuvo en esta calle esquina a las de Fomento y del Reloj. En nombre actual se debe a Jun de Torija (1624-1666), arquitecto mayor de Madrid y autor del Tratado de las ordenanzas de esta villa y de cómo se han de construir los edificios en ella. El anónimo autor de Etimología de las calles de Madrid (1863) añade que la esposa del arquitecto merendaba todos los días tres torrijas y de ahí, el nombre de la calle. Curioso.

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