Calles de Madrid XII

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En la sección del porqué del nombre de las calles de Madrid comenzamos por la Calle de la escalinata, situada entre la Plaza de Isabel II y la Calle de Mesón de Paños. Esta calle tiene su origen en la escalinata de piedra que se construyó para poder acceder desde la calle a la Plaza de Isabel II, tras la construcción de ésta, pues la calle se había  quedado con la rasante primitiva y la plaza quedó ocho metros más alta. Anteriormente se llamó Cava de la Puerta de Guadalajara -por conducir a dicha puerta, situada en la Calle Mayor- y Calle de las Fuentes –porque conducía a las fuentes de los Caños del Peral.

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La segunda calle, la del Bonetillo, se encuentra entre la Calle Escalinata y la costanilla de Santiago. Según una leyenda debía su nombre a la primera fábrica de sombreros que hubo en Madrid y que se estableció en esta calle. Otra leyenda cuenta que en esta calle vivía Juan Hernández, clérigo de vida disoluta y amigo del príncipe Carlos, a quien acompañaba en sus correrías y ejercía una gran influencia sobre él, en contra de su padre Felipe II. Por este motivo, el cardenal Espinosa le prohibió reiteradamente que siguiera visitando al príncipe; como el clérigo hacía caso omiso, el cardenal decidió darle un buen susto organizándole su propio entierro. Y así, una noche en que el clérigo volvía tarde de sus correrías, vio que de su casa salía un cortejo fúnebre, con antorchas y cánticos lúgubres incluidos, que se dirigía a la parroquia de Santa Cruz; preguntó quién era el muerto y, asombrado, escuchó responder a varias personas que se trataba de él mismo; al entrar en su casa vio en una habitación cuatro blandones y una mesa recubierta con un paño negro; y los vecinos insistiendo que era el clérigo; a la mañana siguiente pudo comprobar el acta de defunción que había en la citada parroquia y cuando regresó a su casa encontró la puerta cerrada y sellada y, sobre el tejado, su bonete teñido de rojo y clavado en un palo. Al final, un familiar le llevó a la cárcel de la Inquisición, en Toledo, donde después de permanecer cuatro años, regresó a Madrid bien corregido. Durante los cuatros años de arresto, su bonete estuvo sobre un palo delante de su casa.

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El nombre de la última calle, de Bordadores, situada entre las Calles Mayor y Arenal, tiene su origen en el gremio de bordadores de telas que se estableció en esta calle en tiempos de Juan II. Para evitarse la competencia de otros, bordaron un precioso manto a la reina María de Aragón, consiguiendo que el rey les cediese estos terrenos para edificar sus casas. En cierta ocasión, Enrique IV les amenazó si bordaban el traje que la reina doña Juana les había encargado para don Beltrán de la Cueva, pero los bordadores, discretamente, negaron haber recibido tal encargo. También se cuenta que santa Teresa les encargó que bordasen un traje para una imagen de san José que llevaba para uno de sus conventos fundados y cuando quiso pagarles no se lo permitieron, respondiendo la santa: No toma oro quien da oro.

Fuente: Los Nombres de las Calles de Madrid, Mª Isabel Gea Ortigas.

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