Calles de Madrid XI

alrededores_de_la_sala

Plaza de Lavapiés, princios del Siglo XX.

Situada entre la Calle de la Magdalena y la Plaza de Lavapiés, el nombre la Calle de Lavapiés tiene su origen, según la tradición, en una alameda con algunos viveros, los cuales estaban regados por unos arroyos que pasaban al pies de los árboles.

 

Otra leyenda cuenta que procede de una fuente o pila de abluciones que había allí, en la que podría ser que fuera costumbre purificar los pies de aquellos que venían al barrio de la judería no siendo judíos y, al salir, de los lavaban. Los expertos coinciden que Lavapiés fue, en su origen, la judería de Madrid y que la Sinagoga estaba donde hoy se levanta la iglesia de San Lorenzo. Tras la expulsión de los judíos en 1492, la Calle de Lavapiés permaneció ocupada por los judíos conversos y el barrio comenzó a ser conocido como la Manolería, nombre que se extendió a la población de los llamados barrios bajos, llamados así por su situación topográfica, porque Manuel o Manolo era el nombre que los conversos ponían a sus primogénitos.

CALLE_DEL_OLIVAR_MADRID

Entre las calles de la Magdalena y Lavapiés, se encuentra la Calle del Olivar. Durante la Edad Media, toda esta zona era una colina de olivos, donde terminaba el calvario o vía crucis de la villa. El olivar se extendía hasta el santuario de la Virgen de Atocha y en él humilladero en el que se veneraba el famoso Cristo de la Oliva. En 1564 unos judíos azotaron y rompieron en pedazos el Cristo crucificado e incendiaron el humilladero. Cuando el Rey Felipe II conoció lo sucedido, encargó a un artista que juntara todos los pedazos y, una vez recompuesta la imagen, fuera trasladada en procesión hasta la citada iglesia de Atocha, donde permaneció hasta que se construyó una nueva ermita en el paseo del a Infanta Isabel, frente a la calle de Alfonso XII, donde fue depositada la imagen.

calle-de-la-cabeza

El origen del nombre de la Calle de la Cabeza, situada entre las Calles del Ave María y Lavapiés, tiene una historia truculenta. Cuenta la leyenda  que una noche, el criado de un cura acomodado le asesinó y, tras cortarle la cabeza, le robó y se marchó a vivir unos años a Portugal. Al cabo de un tiempo, el criado regresó a Madrid vestido de caballero y, una mañana, en el Rastro, decidió comprar una cabeza de carnero; la metió bajo la capa y se marchó andando, pero un alguacil, al ver el rastro de sangre que iba dejando le preguntó qué llevaba; el hombre, apurado, contestó que acababa de comprar una cabeza de carnero y al ir a mostrársela comprobó, con sorpresa, que se había convertido en la cabeza del sacerdote que había asesinado. Por este motivo fue ahorcado en la Plaza Mayor. En cuanto se cumplió la sentencia, la cabeza del cura se convirtió en la del carnero de nuevo. Y para que aquel suceso no cayera en el olvido, Felipe III mandó colocar, en la fachada de la casa del cura, una cabeza de piedra representando al sacerdote. Los vecinos pidieron quitarla al verse intimidados por la imagen y que en su lugar, se edificara una capilla en honor a la Virgen del Carmen, colocándose en ella un cuadro que representaba el suceso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s