Calles de Madrid VIII

Con ésta, son ya ocho las entregas sobre el porqué de los nombres de las calles de Madrid. Y en el post de hoy hablaremos de las calles de Ballesta, Caballero de Gracia y Válgame Dios.

La primera de ellas, la calle Ballesta, se encuentra entre la calle del Desengaño y la Corredera Baja de San Pablo. Su origen es muy antiguo, pero se sabe que procede de un antiguo corral propiedad de Vasco Rodríguez en donde se practicaba el deporte del tiro ballesta, utilizando, de cuando en cuando, animales encadenados. Se cuenta que uno de estos animales, un jabalí para ser más exactos, mató a Vasco Rodríguez de una colmillada.

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Caballero de Gracia, entre Gran Vía y la calle de la Montera, toma el nombre de Jácome o Jacobo de Grattis (1517-1619), natural de Módena y conocido en Madrid como el Caballero de Gracia. Del origen de este sobrenombre existen dos versiones. La primera cuenta que el caballero era dueño de la mayoría de las casas que había en esta calle y en una de ellas vivía la noble dama Doña Leonor Garcés, de la que se enamoró perdidamente. Doña Leonor estaba casada con un infanzón aragonés pero eso no puso freno a las pretensiones amorosas de Jácome. Una y mil veces cortejó a Doña Leonor, y una y mil veces Doña Leonor rechazó al caballero. Viendo que todo estaba perdido, el señor de Grattis intentó darle a beber un narcótico, a través de una de sus doncellas, para que cediera, pero al ir a entrar en la casa oyó unas voces del cielo que le reprobaban y le hicieron salir corriendo. A partir de entonces la casa fue conocida como la del Espanto y el caballero, una vez arrepentido de su vida licenciosa, se ordenó sacerdote y fundó en su vivienda (esquina a la calle del Clavel) el desaparecido convento de monjas de la Concepción Francisca, más conocida por el convento del Caballero de Gracia; este fue famoso en el siglo XIX porque en él profesó sor Patrocinio, la monja de las llagas.

La segunda versión afirma que el caballero tomó el sobrenombre de Gracia por un suceso considerado como milagroso; se cuenta que su madre, años antes de nacer él, fue dada por muerta y cuando iba a ser enterrada recobró de pronto la vida, asustando a todos los presentes, muchos de los cuales huyeron corriendo. Este hecho fue interpretado por las gentes de entonces como una gracia especial para quien fuera a nacer posteriormente. Curiosamente, el caballero que obtuvo esa gracia al nacer, vivió nada menos que ciento dos años.

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Y para acabar, hablaremos de la calle de Vágame Dios. Situada entre las calles de Augusto Figueroa y Gravina, la tradición cuenta que dos hombres llamaron una noche a las puertas del convento de San Francisco, solicitando que un religioso les acompañase a socorrer a un moribundo. El religioso, por algún motivo, sospechó de ellos y se hizo acompañar por un fornido lego. Cuando llegaron a la zona, un barranco despoblado, le indicaron que debía confesar a una mujer y bautizar a su hijo, ya que iban a ser asesinados a continuación por el amante de la mujer, el cual era uno de los dos hombres. El grito de “¡Vágame Dios!” proferido por la mujer puso en guardia al religioso y al lego, quien les defendió de la muerte consiguiendo estrangular a uno de ellos mientras el otro huía. El barranco fue conocido a partir de entonces con el nombre de Válgame Dios, el cual pasó a nombrar a la calle cuando ésta se abrió.

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